miércoles, 20 de febrero de 2013

De verdades


¿Qué es la verdad? La verdad es lo que nosotros decretamos que es la verdad. Vivimos decretando momento a momento qué es verdad y qué no, constantemente clasificamos de verdad a algo, y de "proyecto a cumplir" aquello que queremos convertir en una verdad a futuro. Pero, ¿algún día se convertirá en verdad, si día a día decretamos que esa verdad estará en el futuro, y no en el presente? Vivimos el ahora, el hoy; el presente, no el futuro, cuando el futuro llega se convierte en presente, ya no es más futuro, por lo tanto, si siempre afirmamos que nuestros sueños realizados están en el futuro, nunca los viviremos, estaremos siempre experimentando el presente mientras que disfrutaremos un futuro que nunca llegará.

A menudo queremos afirmar una realidad diferente para poder transformar la ya existente, pero es nuestro ego y nuestros miedos los que nos retienen, nos dicen "no estás diciendo la verdad", "si sabes que esa no es la verdad ¿por qué lo afirmas como si lo fuera?", entonces nos dejamos ganar por el temor a lo que otros puedan pensar sobre nuestras afirmaciones "erróneas", y es ahí cuando nuevamente retroalimentamos la realidad en la que vivimos y las verdades que están vigentes, decretándolas como verdades una y otra vez...de esa manera, mantenemos el presente, mantenemos las verdades que queremos transmutar, iguales que antes, las renovamos segundo a segundo, programándolas para que sigan igual, para que sigan igual de defectuosas, igual de perjudiciales, igual de arrítmicas, igual de creíbles; incluso cuando sabemos que pierden su lógica si se profundiza un poco en ellas...igual de verdaderas.
Ninguna verdad es más verdadera que otra, las verdades son verdades para aquellos que las creen verdaderas. Para transformar una verdad, hace falta creer que la nueva verdad ya es, y que la vieja verdad comienza a convertirse en mentira, no significa que nunca haya sido cierta, sino que ya no lo es, se transformó, y la vieja estructura es historia.
Si comenzamos a creer que las cosas ya son, entonces comenzarán a ser...pero mientras creamos que las cosas serán, nunca se plasmarán en el presente, y siempre estarán un paso adelante de nosotros, con lo cual, nunca nos cruzaremos con ellas. Si quieres cambiar el presente, ancla en el presente, no en el futuro.
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Autor de mi desconocimiento momentáneo . -

Atardeciendo hacia Tucumán .

viernes, 1 de febrero de 2013

¿ Y hoy ?

 Introducción
Partiendo de un breve recorrido sobre la historia cinematográfica y audiovisual (en su totalidad), observaremos, conoceremos y trataremos de comprender el comportamiento del espectador actual frente al acelerado cambio tecnológico que afecta - de distintas maneras - la forma de producción y exhibición de las obras audiovisuales.
El tema que se abordará, no hará otra cosa más que exponer y analizar la progresiva mutación del espectador, relacionándolo directamente con el ámbito socio-cultural y económico actual.
Una vez planteada la paleta de oportunidades para “consumir cine” que brindan las nuevas tecnologías, analizaremos sus pros y sus contras, vinculando estas variables con la repercusión que representa en el espectador y los efectos de su consumo audiovisual.
Finalmente nos encontraremos frente a una encrucijada entre lo actual y “lo de antes”, y la dificultosa supervivencia del cine como un acontecimiento social e interactivo y el florecimiento del consumo a la carta.


Primera Parte
Con respecto a la cuestión tecnológica

Del cine a la Web 2.0
De la radionovela, a la fotografía, hasta la imagen en movimiento; el espectador se fue amalgamando e identificando de distintas maneras con los personajes que mutaban conforme la tecnología cambiaba. Cada vez más cercano a un protagonista que lo hiciera participante de una historia que le era conocida por sus propias vivencias personales, el espectador se convirtió en partícipe de un mundo artificial que admite como verosímil a partir de la conforme diferenciación con el mundo de su propia realidad. Se puede afirmar, entonces, que esto fue causado fundamentalmente a partir de la aparición (contemporánea) de tecnologías nuevas como lo son las imágenes en 3D.
El cine en sus primeros años, proponía la exhibición en salas pequeñas, donde las películas que se brindaban eran de calidad media, destinándose a un público popular. Entonces, “la puesta en escena se basaba en la simplicidad”.  (1)
Ya desde “La llegada del tren a la estación” de los hermanos Lumiere, hasta la corta película de Chaplin, “Charlot, prestamista” se puede observar una mutación donde el “contar historias” es desplazado por “crear situaciones que rompieran con lo cotidiano y privilegiaran lo cómico” (2). De la mano del cinematógrafo, Chaplin logró la identificación de los personajes de sus obras, con las clases populares que concurrían a las salas.
Sin embargo, surgió Hollywood, que sustituyó la improvisación de Chaplin, por el relato clásico de causa-efecto. La linealidad de una narración con principio, nudo y desenlace se apoderó de la forma de hacer cine. Los relatos de una o dos bobinas de las películas de Chaplin, fueron acorralas por el Star System de Hollywood.
Los cines que antes se situaban únicamente en los barrios de clase trabajadora, comenzaron a producir salas más cómodas y  programas más complejos (con películas de larga duración). El desarrollo de los grandes estudios cinematográficos desplazó a los pequeños salones (como por ejemplo los nickelodeons), conformando edificios lujosos y con espacio suficiente para dar cabida a un público numeroso y exigente.
La ambición llevó a construir palacios de cine, donde la novedad ya no era la imagen en movimiento, sino las estrellas que aparecían en el relato. Las salas se ambientaban acorde a la proyección que se diera, siendo la novedad la decoración de dichos palacios.
Así pues, fue más provechoso para la economía cinematográfica, la reubicación de las salas en zonas de habitantes de clase media-alta, alejándose de la clase popular que antes podía acceder a los nickelodeons con frecuencia, y limitando, implícitamente, su
acceso a las nuevas salas: por falta de recursos económicos, diferencias sociales y/o culturales.
Entonces, la aparición de la televisión fue el medio con el cual aquellos que se veían imposibilitados a asistir a las nuevas y lujosas salas cinematográficas, pudieron acceder a un mundo de relatos e historias novelescas con las cuales identificarse. El mayor
consumo de la televisión obligó al cine a reinventarse; así como lo debió hacer con la aparición de la computadora y la simulación perfeccionada de las tecnologías anteriores, a través de la Web 2.0
La reinvención constante del cine tenía y tiene la característica de suplir la carencia en el guión, por la aparición de efectos especiales. Y ésto nos trae a la actualidad, donde la mayor novedad pasó a ser el cine en tres dimensiones como defensa contra la piratería, intentando persuadir al espectador, con nuevos estímulos visuales, para que asistan a las salas cinematográficas. Sumado a esta nueva técnica digital, se abre lugar a cine experimental y de autor, convirtiéndose en lo que se conoce como “cine expandido”(3) que rompe con lo convencional de las imágenes y la linealidad de la narración cinematográfica.
Se necesita, entonces, contar con la mirada perceptiva del publico, pues sin los espectadores que concurren a las salas, el cine deja de serlo. Por tal motivo, los productores y cineastas ofrecen (o intentan) una experiencia diferente, “que hipnotice al espectador y que sea una sensación que difícilmente puede vivirse en el sofá de casa o en la pantalla del ordenador”.

¿Antagonismo complementario?
Tenemos entonces, un triángulo competitivo: el cine, la televisión y la computadora.
¿Se pueden distinguir sus límites? ¿O son parte de un cambio de paradigma que nunca cesa?
A simple vista parecería que uno desplaza al otro por completo. Vimos más arriba como el cine tuvo que crear nuevas formas de producir, para empatarse con la televisión, ¿Pero qué pasa con el surgimiento de la Web 2.0?
Mientras que por un lado parece arrasar con las salas cinematográficas en proporciones desmedidas, por el otro, la cinematografía actual hace uso de la Web como medio de promoción y difusión de las producciones. Así como la creación de espacios virtuales especiales con elementos que se refieren a la película en sí, para una interacción con el público que  garantice su interés en la obra: sumado a promociones y concursos donde los participantes puedan conseguir algo vinculado a la película, que sea alcanzable sólo a través de la visualización en el cine.
Un ejemplo de esto se puede observar en “Días de Vinilo”, donde se creó en Facebook la página oficial de la película, con contenido inédito y concursos semanales que implican fotos de las entradas al cine. Entonces, tratan de combatir la visualización de la película en una computadora, al mismo tiempo que la usan como medio para su permanencia en las salas.
Por otro lado, el advenimiento de la imagen en 3D, detiene cierto porcentaje de las copias ilegales que se hacen con una cámara hogareña, dentro de la misma sala de cine. Con lo cual, se observan a las nuevas tecnologías, no sólo en cuanto a novedad estética, sino como una traba más que defiende la producción de su deterioro económico causada por las copias ilegales; que luego se suben a páginas de Internet, donde se consumen gratuitamente, por la mayoría de la población. Indudablemente, estos factores llevan a “la perdida del soporte y el efecto cine”, lo cual supone “la desaparición de la platea colectiva original de la sala como la única arena de ilusión y consumo del cine” (4)
Es decir que, mientras las salas de los cines se van vaciando progresivamente con el transcurso de los años y el aumento de los soportes virtuales que contienen la mayoría de los largometrajes que el espectador desee ver; el espectador de salas va mutando hacia un televidente compulsivo que no lleva a otro resultado más que el del “aislamiento del consumo” no sólo del producto creado para cine, sino del creado para la misma Web.
  
Segunda Parte
La Butaca

La simulación digital que comenzó con el disco láser, un soporte noble de gran calidad pero oneroso, continuó en los años noventa con el dominio del DVD (videodisco digital). El DVD tiene sus días contados en un mediano plazo, para dejar paso a información virtual que circulará por las redes y se alojará permanente o temporariamente en discos duros. Frente al advenimiento de la denominada Catch Up TV (televisión a la carta) y de una Internet que permitirá descargar en tiempo real materiales de alta definición, se advierte otra tendencia en propuestas pensadas como un negocio para el consumo domiciliario a través de una conectividad digital paga.” (5)

El espectador: Dualidad de intereses 
¿Qué pasará con el espectador cuando la televisión a la carta sustituya por completo a la sala de cine? ¿Lo terminará haciendo alguna vez?
Como no se puede hacer un análisis en base a un futuro incierto, esta segunda parte del análisis se destinará a observar el comportamiento del espectador y su mutación a lo largo de este cambio de paradigma tecno-cultural que venimos desarrollando.
Comenzaremos por identificar el antes y el ahora del público, llevándolo a la palabra de personas entrevistadas con el fin de tener diversas voces que ayuden a comprender un poco más nuestro presente audiovisual.
El cine es mágico, la tv un desastre, Internet un medio más; dijo Ivana, una de las entrevistadas. Simple pero reflexivo. Porque si bien el cine está siendo, lentamente, desplazado por la red virtual, ésta última no logra reproducir la ilusión que genera ir a una sala de cine.
Sin embargo, ése “medio más”, se está abriendo camino a pasos agigantados en este tiempo actual.
La mayoría de los entrevistados no va al cine más de una vez por mes, por falta de plata y tiempo. Ya es sabido que no sólo el crecimiento de la tecnología ha sido acelerado, sino que el tiempo de los seres humanos que corren a una velocidad inimaginable. Se debe producir mucho y rápido, se consume compulsivamente y se desecha de la misma manera.
La falta de tiempo para concurrir a una sala de cine, lleva a que las butacas estén cada vez más vacías. Sin embargo los costos de producción y exhibición se acrecientan con el aumento de la economía de cada país, con lo cual, las entradas son vendidas a precios cada vez más elevados.


¿Alienación o Interacción?
¿Parecería que estamos estancados en conseguir una solución a largo plazo para el mantenimiento de las salas? Porque con mayor tecnología aplicada (el clásico ejemplo de la imagen tridimensional) a la producción, mayor es su costo.
Entonces, el único camino accesible parecería ser el consumo de la denominada “televisión a la carta”, que cada vez es mayor.
Pero ahora bien, ¿cómo repercute en el espectador dicho consumo? El espectador encuentra en la Red, un menú interminable de productos audiovisuales que el cine no llega a brindarle. Puede acceder a películas que a la exhibidora no le conviene poner en cartelera, por falta de conveniencia monetaria, como el caso de muchas producciones nacionales o de autores desconocidos.
Es decir que en el consumo a la carta se abre un mundo de posibilidades que en el cine de ven reducidas a películas clásicas y Hollywoodenses.
Esto transforma al espectador de salas, en un consumidor compulsivo, como se ve reflejado en las respuestas dadas por los entrevistados. Al menos dos veces por semana consumen películas online (no pagas). Estamos frente a un importante proceso de “aislamiento del consumo”, donde es menos frecuente reunirse en grupos para ver una película online, pues es más cómodo y fácil, sentarse y hacer click en Play.
Claro está que la disminución de la interacción social, lleva al aumento de la interacción virtual.
Entonces, no sólo el cine se vuelve virtual, sino que también la percepción, que antes se hacia a través de la mirada del público, se convierte en un número que se va sumando a la cantidad de visualizaciones que tuvo la película en una página de Internet; suponiendo la “desaparición de la platea colectiva original de la sala” (6).



Conclusión? 
Es difícil llegar a una afirmación rotunda con respecto a un tema que está en constante cambio, sobretodo en un tiempo en el cual parecería que estamos parados sobre una superficie inestable que va mutando día a día. Se puede ver que el espectador en salas, que hacía del cine un acontecimiento social, se está convirtiendo en el televidente compulsivo que abre paso a un “consumo a la carta”.
Sin embargo, vamos camino hacia un destino inimaginable, el ritmo se acelera cada vez más, y la mejor solución que el espectador encuentra para satisfacer sus necesidades consumistas es la interacción por medio virtual, lo que va de la mano, de un éxito inigualable en el presente, del “consumo a la carta”. Un consumo individualista, pero no por eso menos interactivo, sino más bien distinto y popular.

- Monografía sobre "el perfil actual del espectador en salas", realizada para la materia: Difusión y Comercialización de los Medios. Landau . - 


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Bibliografía 
-   (1)(2) “El cine después del cine” - Edición Impresa - febrero de 2008 
- (3)(4) QUINTANA, ÀNGEL - Después del cine - Imagen y realidad en la era digital – Editorial Acantilado Quaderns Crema, S.A.U. – noviembre 2011 
- (5) QUINTANA, ÀNGEL - Después del cine - Imagen y realidad en la era digital – Editorial Acantilado Quaderns Crema, S.A.U. – noviembre 2011
- (6) QUINTANA, ÀNGEL - Después del cine - Imagen y realidad en la era digital – Editorial Acantilado Quaderns Crema, S.A.U. – noviembre 2011