Partiendo de un breve recorrido sobre
la historia cinematográfica y audiovisual (en su totalidad), observaremos,
conoceremos y trataremos de comprender el comportamiento del espectador actual
frente al acelerado cambio tecnológico que afecta - de distintas maneras - la
forma de producción y exhibición de las obras audiovisuales.
El tema que se abordará, no hará otra
cosa más que exponer y analizar la progresiva mutación del espectador,
relacionándolo directamente con el ámbito socio-cultural y económico actual.
Una vez planteada la paleta de
oportunidades para “consumir cine” que brindan las nuevas tecnologías,
analizaremos sus pros y sus contras, vinculando estas variables con la
repercusión que representa en el espectador y los efectos de su consumo
audiovisual.
Finalmente nos encontraremos frente a
una encrucijada entre lo actual y “lo de antes”, y la dificultosa supervivencia
del cine como un acontecimiento social e interactivo y el florecimiento del consumo a la carta.
Primera Parte
Con respecto a la cuestión tecnológica
Del cine a la Web 2.0
De la radionovela, a la fotografía,
hasta la imagen en movimiento; el espectador se fue amalgamando e identificando
de distintas maneras con los personajes que mutaban conforme la tecnología
cambiaba. Cada vez más cercano a un protagonista que lo hiciera participante de
una historia que le era conocida por sus propias vivencias personales, el
espectador se convirtió en partícipe de un mundo artificial que admite como
verosímil a partir de la conforme diferenciación con el mundo de su propia
realidad. Se puede afirmar, entonces, que esto fue causado fundamentalmente a
partir de la aparición (contemporánea) de tecnologías nuevas como lo son las
imágenes en 3D.
El cine en sus primeros años, proponía
la exhibición en salas pequeñas, donde las películas que se brindaban eran de
calidad media, destinándose a un público popular. Entonces, “la puesta en
escena se basaba en la simplicidad”. (1)
Ya desde “La llegada del tren a la
estación” de los hermanos Lumiere, hasta la corta película de Chaplin,
“Charlot, prestamista” se puede observar una mutación donde el “contar
historias” es desplazado por “crear situaciones que rompieran con lo cotidiano
y privilegiaran lo cómico” (2). De la mano del cinematógrafo, Chaplin
logró la identificación de los personajes de sus obras, con las clases
populares que concurrían a las salas.
Sin embargo, surgió Hollywood, que
sustituyó la improvisación de Chaplin, por el relato clásico de causa-efecto. La
linealidad de una narración con principio, nudo y desenlace se apoderó de la
forma de hacer cine. Los relatos de una o dos bobinas de las películas de
Chaplin, fueron acorralas por el Star System
de Hollywood.
Los cines que antes se situaban
únicamente en los barrios de clase trabajadora, comenzaron a producir salas más
cómodas y programas más complejos (con
películas de larga duración). El desarrollo de los grandes estudios
cinematográficos desplazó a los pequeños salones (como por ejemplo los
nickelodeons), conformando edificios lujosos y con espacio suficiente para dar
cabida a un público numeroso y exigente.
La ambición llevó a construir palacios
de cine, donde la novedad ya no era la imagen en movimiento, sino las estrellas que aparecían en el relato.
Las salas se ambientaban acorde a la proyección que se diera, siendo la novedad
la decoración de dichos palacios.
Así pues, fue más provechoso para la
economía cinematográfica, la reubicación de las salas en zonas de habitantes de
clase media-alta, alejándose de la clase popular que antes podía acceder a los
nickelodeons con frecuencia, y limitando, implícitamente, su
acceso a las nuevas salas: por falta de
recursos económicos, diferencias sociales y/o culturales.
Entonces, la aparición de la televisión
fue el medio con el cual aquellos que se veían imposibilitados a asistir a las
nuevas y lujosas salas cinematográficas, pudieron acceder a un mundo de relatos
e historias novelescas con las cuales identificarse. El mayor
consumo de la televisión obligó al cine
a reinventarse; así como lo debió hacer con la aparición de la computadora y la
simulación perfeccionada de las tecnologías anteriores, a través de la Web 2.0
La reinvención constante del cine tenía
y tiene la característica de suplir la carencia en el guión, por la aparición
de efectos especiales. Y ésto nos trae a la actualidad, donde la mayor novedad
pasó a ser el cine en tres dimensiones como defensa contra la piratería,
intentando persuadir al espectador, con nuevos estímulos visuales, para que
asistan a las salas cinematográficas. Sumado a esta nueva técnica digital, se
abre lugar a cine experimental y de autor, convirtiéndose en lo que se conoce
como “cine expandido”(3) que rompe con lo
convencional de las imágenes y la linealidad de la narración cinematográfica.
Se necesita, entonces, contar con la
mirada perceptiva del publico, pues sin los espectadores que concurren a las
salas, el cine deja de serlo. Por tal motivo, los productores y cineastas ofrecen
(o intentan) una experiencia diferente, “que hipnotice al espectador y que sea
una sensación que difícilmente puede vivirse en el sofá de casa o en la
pantalla del ordenador”.
¿Antagonismo complementario?
Tenemos entonces, un triángulo
competitivo: el cine, la televisión y la computadora.
¿Se pueden distinguir sus límites? ¿O
son parte de un cambio de paradigma que nunca cesa?
A simple vista parecería que uno
desplaza al otro por completo. Vimos más arriba como el cine tuvo que crear
nuevas formas de producir, para empatarse con la televisión, ¿Pero qué pasa con
el surgimiento de la Web 2.0?
Mientras que por un lado parece arrasar
con las salas cinematográficas en proporciones desmedidas, por el otro, la
cinematografía actual hace uso de la Web como medio de promoción y difusión de
las producciones. Así como la creación de espacios virtuales especiales con
elementos que se refieren a la película en sí, para una interacción con el
público que garantice su interés en la
obra: sumado a promociones y concursos donde los participantes puedan conseguir
algo vinculado a la película, que sea alcanzable sólo a través de la
visualización en el cine.
Un ejemplo de esto se puede observar en
“Días de Vinilo”, donde se creó en Facebook la página oficial de la película,
con contenido inédito y concursos semanales que implican fotos de las entradas
al cine. Entonces, tratan de combatir la visualización de la película en una
computadora, al mismo tiempo que la usan como medio para su permanencia en las
salas.
Por otro lado, el advenimiento de la
imagen en 3D, detiene cierto porcentaje de las copias ilegales que se hacen con
una cámara hogareña, dentro de la misma sala de cine. Con lo cual, se observan
a las nuevas tecnologías, no sólo en cuanto a novedad estética, sino como una
traba más que defiende la producción de su deterioro económico causada por las
copias ilegales; que luego se suben a páginas de Internet, donde se consumen
gratuitamente, por la mayoría de la población. Indudablemente, estos factores
llevan a “la perdida del soporte y el efecto cine”, lo cual supone “la
desaparición de la platea colectiva original de la sala como la única arena de
ilusión y consumo del cine” (4)
Es decir que, mientras las salas de los
cines se van vaciando progresivamente con el transcurso de los años y el
aumento de los soportes virtuales que contienen la mayoría de los largometrajes
que el espectador desee ver; el espectador de salas va mutando hacia un
televidente compulsivo que no lleva a otro resultado más que el del
“aislamiento del consumo” no sólo del producto creado para cine, sino del
creado para la misma Web.
Segunda Parte
La Butaca
“La
simulación digital que comenzó con el disco láser, un soporte noble de gran
calidad pero oneroso, continuó en los años noventa con el dominio del DVD
(videodisco digital). El DVD tiene sus días contados en un mediano plazo, para
dejar paso a información virtual que circulará por las redes y se alojará
permanente o temporariamente en discos duros. Frente al advenimiento de la
denominada Catch Up TV (televisión a la carta) y de una Internet que permitirá
descargar en tiempo real materiales de alta definición, se advierte otra
tendencia en propuestas pensadas como un negocio para el consumo domiciliario a
través de una conectividad digital paga.” (5)
El espectador: Dualidad de intereses
¿Qué pasará con el espectador cuando la
televisión a la carta sustituya por completo a la sala de cine? ¿Lo terminará
haciendo alguna vez?
Como no se puede hacer un análisis en
base a un futuro incierto, esta segunda parte del análisis se destinará a
observar el comportamiento del espectador y su mutación a lo largo de este
cambio de paradigma tecno-cultural que venimos desarrollando.
Comenzaremos por identificar el antes y
el ahora del público, llevándolo a la palabra de personas entrevistadas con el
fin de tener diversas voces que ayuden a comprender un poco más nuestro
presente audiovisual.
El
cine es mágico, la tv un desastre, Internet un medio más; dijo Ivana, una
de las entrevistadas. Simple pero reflexivo. Porque si bien el cine está
siendo, lentamente, desplazado por la red virtual, ésta última no logra
reproducir la ilusión que genera ir a una sala de cine.
La mayoría de los entrevistados no va
al cine más de una vez por mes, por falta de plata y tiempo. Ya es sabido que
no sólo el crecimiento de la tecnología ha sido acelerado, sino que el tiempo
de los seres humanos que corren a una velocidad inimaginable. Se debe producir mucho
y rápido, se consume compulsivamente y se desecha de la misma manera.
La falta de tiempo para concurrir a una
sala de cine, lleva a que las butacas estén cada vez más vacías. Sin embargo
los costos de producción y exhibición se acrecientan con el aumento de la
economía de cada país, con lo cual, las entradas son vendidas a precios cada
vez más elevados.
¿Alienación o Interacción?
¿Parecería que estamos estancados en
conseguir una solución a largo plazo para el mantenimiento de las salas? Porque
con mayor tecnología aplicada (el clásico ejemplo de la imagen tridimensional)
a la producción, mayor es su costo.
Entonces, el único camino accesible
parecería ser el consumo de la denominada “televisión a la carta”, que cada vez
es mayor.
Pero ahora bien, ¿cómo repercute en el
espectador dicho consumo? El espectador encuentra en la Red, un menú
interminable de productos audiovisuales que el cine no llega a brindarle. Puede
acceder a películas que a la exhibidora no le conviene poner en cartelera, por
falta de conveniencia monetaria, como el caso de muchas producciones nacionales
o de autores desconocidos.
Es decir que en el consumo a la carta
se abre un mundo de posibilidades que en el cine de ven reducidas a películas
clásicas y Hollywoodenses.
Esto transforma al espectador de salas,
en un consumidor compulsivo, como se ve reflejado en las respuestas dadas por
los entrevistados. Al menos dos veces por semana consumen películas online (no
pagas). Estamos frente a un importante proceso de “aislamiento del consumo”,
donde es menos frecuente reunirse en grupos para ver una película online, pues
es más cómodo y fácil, sentarse y hacer click en Play.
Claro está que la disminución de la
interacción social, lleva al aumento de la interacción virtual.
Entonces, no sólo el cine se vuelve
virtual, sino que también la percepción, que antes se hacia a través de la
mirada del público, se convierte en un número que se va sumando a la cantidad
de visualizaciones que tuvo la película en una página de Internet; suponiendo
la “desaparición de la platea colectiva original de la sala” (6).
Conclusión?
Es difícil llegar a una afirmación rotunda con
respecto a un tema que está en constante cambio, sobretodo en un tiempo en el
cual parecería que estamos parados sobre una superficie inestable que va
mutando día a día. Se puede ver que el espectador en salas, que hacía del cine un acontecimiento social, se está convirtiendo en el televidente compulsivo que abre paso a un “consumo a la carta”.
Sin embargo, vamos camino hacia un destino
inimaginable, el ritmo se acelera cada vez más, y la mejor solución que el
espectador encuentra para satisfacer sus necesidades consumistas es la
interacción por medio virtual, lo que va de la mano, de un éxito inigualable en
el presente, del “consumo a la carta”. Un consumo individualista, pero no por
eso menos interactivo, sino más bien distinto y popular.
- Monografía sobre "el perfil actual del espectador en salas", realizada para la materia: Difusión y Comercialización de los Medios. Landau . -
Bibliografía
- (1)(2) “El cine después del cine” - Edición Impresa - febrero de 2008
- (3)(4) QUINTANA, ÀNGEL - Después del cine - Imagen y realidad en la era digital – Editorial Acantilado Quaderns Crema, S.A.U. – noviembre 2011
- (5) QUINTANA, ÀNGEL - Después del cine - Imagen y realidad en la era digital – Editorial Acantilado Quaderns Crema, S.A.U. – noviembre 2011
- (6) QUINTANA, ÀNGEL - Después del cine - Imagen y realidad en la era digital – Editorial Acantilado Quaderns Crema, S.A.U. – noviembre 2011
Hola soy martin y les mando un saludo del cachete de cucharita
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