domingo, 11 de noviembre de 2012

Perspectivas


"¿Qué es lo identitario que hace de cada uno 
un constructor de sentido?"

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"Somos cambiadores de figuritas, 
armadores de rastis; sustituidores y armadores de rompecabezas"

El Tem . 
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Soy ...

• La mochila, ya rota, que uso desde séptimo.
• El mural bocetado en la pared hace diez meses.
• Las medias imposibles de blanquear por tanto caminar en patas.
• El chicle que guardaba en el congelador - al menos dos veces - a la edad, aproximada, de once años.
• La mano que dibuja (nada) sobre el vidrio empañado del bondi.
• La ropa mojada por la lluvia, y mi eterna negación a usar paraguas.
• Los capítulos - infinitamente - repetidos de Los Simpsons y El Chavo, mirados desde la cama (cual misa)  todos los domingos . 
• Los juegos del FamilyGame guardados en un cajón, con el anhelo de volverlos a usar.


Lejos de aquella convención - Parte II

Yo creo en
- Mi abuela (con maculopatía) sentada en la cocina a la hora del mate, mirando sonriente hacia el techo; diciendo que ve árboles cuyas hojas se mueven por el viento, y en medio, el sillón de la Nonna. Cruce de miradas con mi primo.
- En el viaje a General Lavalle en el Renault de mi tío (a mi edad aproximada de siete años), pasándola a buscar a mi vieja por Panamericana y yendo el resto del viaje con mis tres primos, mi vieja y yo, apretados en la parte de atrás. Yo a upa de mi prima.
- Una de las únicas veces que me animé a levantarme e ir hasta el escritorio de la profesora de matemáticas a preguntarle una duda; y durante toda su respuesta yo me concentré en ver cómo se llenaba de gotitas de saliva teñidas de café, la hoja cuadriculada.
- La Navidad en que mi vieja me regaló una granja (roja y amarilla era); y mi prima me ayudó a armarla sobre el piso, mientras los demás seguían abriendo regalos. La sonrisa me llegaba hasta la nuca.
-  En mi pensamiento cómplice cuando (en la primaria) comiendo un caramelo, mastiqué algo duro (mirada desorientada de por medio, pensando que todos se habían dado cuenta. Pero no.) me percaté que se me había salido el diente flojo - de leche, claro está - . Y el calor por la vergüenza de tener que levantarme a pedir permiso para ir al baño.
- El recuerdo de la creación de imágenes mientras mi mamá me cantaba el “a roro”, en donde ella estaba sentada en la parte de atrás de la catramina, conmigo (de bebé) en brazos, meciéndome y cantándome suavemente.

Lejos de aquella convención - Parte I

Yo creo que
- La distancia que hacía - los fines de semana - cuando mi mamá me llevaba a la plaza de Olivos en la sillita para bebés que va atrás de la bicicleta, era enorme y siempre se convertía en un recorrido nuevo. 
- Al agarrar el volante de la catramina de mi tío-abuelo y dejarme maniobrar mientras él aceleraba y frenaba, ya era una persona grande e interesante, sobretodo interesante.
- El sueño que se me repetía una y otra, y otra vez, en mi infancia; donde estaba rodeada de autos y colectivos que circulaban por la calle de forma “entrecortada”, mientras yo “avanzaba estáticamente” entre ellos, tratando de ponerme a salvo; era un mensaje cósmico sobre mi futuro.
- El día en que una compañera de cuarto grado me llamó para que fuera hacia donde estaba ella (en pleno recreo), yo le hice caso y fui, y me dijo, sin trabas, que mis compañeras se habían apurado a irse sin mí (el día anterior), porque yo era una “percha”, resultó en un cambio doloroso, pero favorable en mi personalidad. Un visual antes y después en mi carácter.