- Mi abuela (con maculopatía) sentada en la cocina a la hora del mate, mirando sonriente hacia el techo; diciendo que ve árboles cuyas hojas se mueven por el viento, y en medio, el sillón de la Nonna. Cruce de miradas con mi primo.
- En el viaje a General Lavalle en el Renault de mi tío (a mi edad aproximada de siete años), pasándola a buscar a mi vieja por Panamericana y yendo el resto del viaje con mis tres primos, mi vieja y yo, apretados en la parte de atrás. Yo a upa de mi prima.
- Una de las únicas veces que me animé a levantarme e ir hasta el escritorio de la profesora de matemáticas a preguntarle una duda; y durante toda su respuesta yo me concentré en ver cómo se llenaba de gotitas de saliva teñidas de café, la hoja cuadriculada.
- La Navidad en que mi vieja me regaló una granja (roja y amarilla era); y mi prima me ayudó a armarla sobre el piso, mientras los demás seguían abriendo regalos. La sonrisa me llegaba hasta la nuca.
- En mi pensamiento cómplice cuando (en la primaria) comiendo un caramelo, mastiqué algo duro (mirada desorientada de por medio, pensando que todos se habían dado cuenta. Pero no.) me percaté que se me había salido el diente flojo - de leche, claro está - . Y el calor por la vergüenza de tener que levantarme a pedir permiso para ir al baño.
- El recuerdo de la creación de imágenes mientras mi mamá me cantaba el “a roro”, en donde ella estaba sentada en la parte de atrás de la catramina, conmigo (de bebé) en brazos, meciéndome y cantándome suavemente.

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